Jokte es Arte

"El arte es sobre todo un estado del alma" (Chagall) y programar es un arte. Por lo tanto no se puede limitar, no se puede medir ni pautar. En un proyecto comunitario somos todos artistas y Jokte es arte.

la danse de marc chagall chapitre 11
Marc Chagall - la danse de marc chagall chapitre 11
Programar es arte. No me bajo de esta aseveración y tengo una catarata de argumentos para defenderla. Una cosa es saber la esencia de las cosas o buscarla, tender hacia la sabiduría etérea del ser, poner el alma, corazón y vida en cada uno de los desarrollos, tal como sucede con los pintores, músicos, escultores, actores y artistas en general. Otra cosa es atarse a patrones de ingeniería para conseguir un objetivo establecido siguiendo lineamientos ya escritos y probos. Lo primero es puro arte, lo segundo es pura ingeniería. A mi me gusta el arte, la inmersión en las profundidad del todo.

Por otro lado, tanto la programación como el arte son descubrimientos. Cuando escribo una poesía siempre descubro algo, cuando tomo la guitarra entre mis brazos cual si fuese la amada añorada y empiezo a rasgar sus cuerdas descubro sonidos nuevos. Del mismo modo, cuando un pintor, un escultor u otro artista termina su obra, la mira y ve que algo se ha develado hacia el universo, hay algo más que solo materiales y útiles, algo que tiene vida propia.

Hace un par de años escribí un artículo que bosquejaba esta cuestión enmarañada del artista referida a Jokte! En el ante último párrafo puse: "Por todo, programar a veces es un petardo de la memoria, solo hay que encontrar la mecha y encenderla para que al explotar los fuegos artificiales nos rieguen el espíritu del que somos poseídos". Finaliza ese artículo con una cita del gran científico y "artista", del francés Louis Pasteur (pueden leer el artículo completo aquí). Eso es así desde los orígenes de los tiempos. Porque la humanidad es tal, como ahora, gracias a todos aquellos que dejaron fluir el artista que tienen dentro.

Pueblero de allá ité

Pocho Roch
Pocho Roch

Argentino mesopotámico como soy, no puedo más que amar la música litoraleña. Son mi sentimiento la chamarrita y el chamamé, y más allá de mi casi natural inclinación a disfrutar de todos los ritmos del folklore nacional e internacional, estos calan muy hondo. Uno lleva la tierra embebida en las entrañas que se hace semilla y flor cuando la canta, dice un poema que alguna vez escribí, y esta canción es parte de esa tierra. Aquí su historia, su letra y varias interpretaciones, empezando por la de su autor, el poeta y músico Pocho Roch (biografía, clic aquí).

Historia de la Canción, nota publicada por Moni Munilla en Diario El Litoral

En el año 1956, Gonzalo del Corazón de Jesús “Pocho” Roch ya tocaba chamamé con guitarra eléctrica y en cuanto a innovación, se lo puede considerar en nuestra música lo que Piazzolla en tango. Unos años más tarde, en 1970, el cantautor nacido en Itatí, compuso una de sus canciones más representativas, “Pueblero de allá ité”, (de allá lejos, en guaraní), tema que cobró difusión desde entonces y fue interpretado por distintas voces; por ejemplo la de Jairo, que la eligió para presentarse ante el público correntino en la Fiesta Nacional del Chamamé.

“Cuando la compuse, yo tocaba la guitarra en una orquesta que hacía música internacional, The Pockers. Trabajaba en el Departamento de Construcciones de la Universidad Nacional del Nordeste y a la tarde en el estudio del arquitecto Luciano Rodríguez, prácticamente mi día estaba completo, sumando a la familia como indispensable.

Ese día precisamente, llegué casi al amanecer de un baile en el Club Regatas y estaba tomando unos mates en el auto, esperando que abran las oficinas donde tenía mi escritorio, cuando me vino la melodía desde el alma, recordando mi vida en Itatí donde aprendí a ser poeta”, cuenta.

Bolivariano

Venezuela

"Por aquí pasó, compadre, dolido, gallardo, eterno. El sol de la tarde estira su perfil sobre el desierto."
Alberto Arvelo Torrealba

Estoy en la inopia de mi tierra Venezuela
que añoro y extraño como un joropo encarnado
con voz atuendo de oro que reconozco blando,
con llanuras, sabanas, montañas y ríos que me citan.

Pero ya estuve ahí, gozoso, y no fui sino éter,
en esa vastedad religiosa de pasto y perfume
me regodeé de su luz de historias recientes
con un Arañero que palpó hasta mis vísceras.

No puedo calmar esta sed de Cecilias y color,
si la boca es un cuenco ambicioso de nostalgias
en la mojadura de lluvias ancestrales que caen
cuando invoco mi pertenencia a latinoamerica.