Tamara Castro
Todos sabemos que hay cantores que dejan huellas en el alma que no se borran nunca más. Pero cuando esas huellas son cortadas por la fatalidad, justo cuando la traza del camino iba directo a nuestro corazón, pareciera que tienen un sentido diferente ya que queda un ansia de amor inconmensurable plasmado en un bello y perenne recuerdo que a cada momento nos convoca. Y Tamara es un páramo de sueños, un remanso que nos aclara la memoria cuando su voz nos tiembla en el corazón dejándonos ese incomprendido resentimiento de la muerte, nos deja repitiendo sus canciones hasta hacerlas tan nuestras que se forma una mixtura espiritual difícil de entender.

Tamara Castro había nacido en Ensenada, provincia de Buenos Aires, un 4 de diciembre de 1972 y se volvió cuerda eterna un 8 de diciembre de 2006. Leer más en Wikipedia y el artículo sobre el accidente en Página 12.

Aquí voy a rescatar la letra de la canción "Elegías" de su último disco titulado "Vital" por la sencilla razón de que no encontré la letra en la web. Tiene un texto de compromiso social y su música tiene aires de joropo venezolano-colombiano por lo que nos hermana y se convierte en latinoamericana por si.

Los invito a escucharla más en Youtube o revuelvan el éter, es un viaje sin retorno al folklore argentino.

Billie Holiday
Billie Holiday

A finales de los años treinta, Abel Meeropol un profesor judío de Nueva York quedó impresionado al ver la fotografía del linchamiento de dos afroamericanos en un estado del Sur. Una muchedumbre de blancos de todas las edades, hombres, mujeres y niños, aparecían sonrientes alrededor de los cadáveres de Thomas Shipp y Abram Smith, colgados de dos álamos en medio de la noche. Aquella visión, cruda y desagradable, se le metió en la cabeza y no pudo dejar de pensar en ella durante varios días. Como resultado de esa experiencia escribió el poema ‘Bitter Fruit’ (Fruta amarga), que publicó bajo el seudónimo de Lewis Allan. Ante la excelente acogida, sus compañeros del partido comunista le animaron a ponerle música, y así nació la canción ‘Strange Fruit’. (Aunque más adelante se diría que fue Holiday quien puso música al poema de Meeropols, quedó demostrado que no fue así).

Aquí les dejo el poema traducido al español. Pueden leer más referencias sobre la canción en Wikipedia.

Frutos extraños

Los árboles del Sur tienen frutos extraños.
Sangre en las hojas y sangre en las raíces.
Cuerpos negros balanceándose con la brisa del sur.
Extraños frutos colgando de los álamos.

 

Una escena pastoral del Sur galante,
los ojos fuera de sus cuencas y la boca torcida,
aroma de las magnolias, dulce y fresco,
entonces, el repentino olor a carne quemada.

Pocho Roch
Pocho Roch

Argentino mesopotámico como soy, no puedo más que amar la música litoraleña. Son mi sentimiento la chamarrita y el chamamé, y más allá de mi casi natural inclinación a disfrutar de todos los ritmos del folklore nacional e internacional, estos calan muy hondo. Uno lleva la tierra embebida en las entrañas que se hace semilla y flor cuando la canta, dice un poema que alguna vez escribí, y esta canción es parte de esa tierra. Aquí su historia, su letra y varias interpretaciones, empezando por la de su autor, el poeta y músico Pocho Roch (biografía, clic aquí).

Historia de la Canción, nota publicada por Moni Munilla en Diario El Litoral

En el año 1956, Gonzalo del Corazón de Jesús “Pocho” Roch ya tocaba chamamé con guitarra eléctrica y en cuanto a innovación, se lo puede considerar en nuestra música lo que Piazzolla en tango. Unos años más tarde, en 1970, el cantautor nacido en Itatí, compuso una de sus canciones más representativas, “Pueblero de allá ité”, (de allá lejos, en guaraní), tema que cobró difusión desde entonces y fue interpretado por distintas voces; por ejemplo la de Jairo, que la eligió para presentarse ante el público correntino en la Fiesta Nacional del Chamamé.

“Cuando la compuse, yo tocaba la guitarra en una orquesta que hacía música internacional, The Pockers. Trabajaba en el Departamento de Construcciones de la Universidad Nacional del Nordeste y a la tarde en el estudio del arquitecto Luciano Rodríguez, prácticamente mi día estaba completo, sumando a la familia como indispensable.

Ese día precisamente, llegué casi al amanecer de un baile en el Club Regatas y estaba tomando unos mates en el auto, esperando que abran las oficinas donde tenía mi escritorio, cuando me vino la melodía desde el alma, recordando mi vida en Itatí donde aprendí a ser poeta”, cuenta.