Leonardo Da Vinci 1490
Leonardo Da Vinci 1490

En el día de la madre les comparto esta poesía dedicada a mi segunda madre, una tía abuela que supo acompañar mi adolescencia y juventud y a quien mantengo en mi corazón como una antorcha encendida iluminándome los caminos porque fue y será una de las personas más amadas de mi vida.

Nacieron en ti los domples[1],
las quimeras de mis sueños,
en tu faldar de viejas tiendas llenas y silentes
con olor a pan de antaño y mermeladas
yo crecí.

No sé si el azúcar tienen tanto amor para dar,
no sé si el blanco rodado de tu pelo
fue tan sobado por el recuerdo y el mador
pero allí crecí.

Un día de mates blancos y azahares,
luz de atardeceres escolares y caras sucias,
me diste la voz de todas las canciones de la vida,
un sentir ancestral y perenne que no decae,
y yo crecí.

neruda escribiendo

Gris oficio el de poeta, / deber y culpa, tal vez, / andar y ser de sombra y luz, / surco en el aire y sentir / que sólo de andar cantando y en el dolor, / aprendemos a morir. (Poeta al sur, Alfredo Zitarrosa)

Lengua acuífera guaraní y saucedal
púlpito donde orilla espuma la voz,
balcón de los pájaros libertarios
horizonte de pica y tezón.

Si es exorcismo del alma este fuego,
que duele llamas de ardor y vaivén,
nacen recrudecidos callos de antaño
verdes en cada cantor de la sien.

La persistencia de la memoria
La persistencia de la memoria

La sombra aprieta como un espasmo,
cala la hora y los relojes se detienen,
allá lejos mi corazón atávico y en el fondo,
alientos de otro tiempo claman como plomadas
desde que vengo de este verbo conjuro.

Son esteras de barro y arsenal de caras
un resumen de picas y lanzas endiosadas.
Muchos nacieron y no saben para qué
otros lloran ausencias y no saben por qué.
El arcano derroche de lágrimas
no lava ni resucita el presente pero lo ensalza.