Desde que arranqué con esto del software libre mucho canto rodado duro y suaves arenales han pasado bajo mis pies. Las huellas de ensayos empíricos en distribuciones basadas en GNU/Linux marcaron para siempre mi forma de pensar y de ver las cosas, incluso hasta de trabajar.

Lo que más me impresionó siempre fue el espíritu que dio origen al copyleft y es por eso que ciertas realidades que lo toman como propio son dignas, en el mejor de los casos, del olvido, por no decir del desprecio más acérrimo; no es el común denominador pero existen. Aparte de éstas, las demás son como un perfume de mujer que nos circunda y exalta.

En virtud de darle valor fundamental a este artículo, voy a rescatar una vez más lo escrito por Richard Stallman quien decía: "Mi trabajo en el software libre está motivado por una meta idealista: difundir la libertad y la cooperación. Quiero alentar la difusión del software libre, reemplazando el software privativo que prohíbe la cooperación, y así mejorar nuestra sociedad."

Un análisis semántico con tintes informáticos, nos permite dividir la frase en verbos tipo palabras clave: trabajar, motivar, idealizar, reemplazar, difundir, liberar, cooperar, mejorar. Hay un sujeto principal hacia quien se dirigen las acciones: la sociedad.

Todos estos verbos conforman los principios generales sobre los que se basan la mayoría de los grupos o colectivos que hacen y promueven el software libre: trabajan y motivan, teorizan e idealizan y sueñan, reemplazan lo privativo por lo libre, difunden y liberan lo que hacen, cooperan entre si y con los demás, arreglan lo existente o crean algo nuevo; todo en pos de mejorar la sociedad.

Los valores humanos aquí presentes le dan al GNU un interés y un atractivo difícil de resistir si se lo mira desde el prisma racional de nuestro espíritu original. La inclinación que nos hace al menos echar un vistazo, o la declinación que nos hace decantar sobre lo que existe al respecto del GNU, es entonces natural, dada la virtuosidad intrínseca de cada proyecto.

Gnu
Gnu - Gnu

Gnu - Gnu

La defensa del software libre en este sentido, se convierte luego en una especie de sacerdocio y es en esta actitud en donde se cometen los peores fallidos que desmerecen el GNU en su fibra más íntima; cuando el mambo pasa a ser más que un sacerdocio un pontificado cuya verdad es santa e inmaculada.

Es así como nacen los feudos del GNU. Grupos o colectivos de personas que suponen poseer la evidencia divina revelada y se convierten en pequeñas sectas cerradas, apabulladas por uno o más lideres verborrágicos pero sabios que dirigen a los súbditos como si fuesen manada y cierran las puertas al extraño que no se condice con sus ideas o no sigue los lineamientos. Aquí la cooperación muere y los valores se van al tacho de basura.

Lamentablemente hay pruebas cabales de esto que se pueden ver en algunos encuentros de software libre y en asociaciones afines al movimiento. Y peor aún es cuando en el trasfondo se vislumbra una maquinaria desleal que lo que quiere es adorar al dios Don Dinero a costa del sacrificio y voluntad de los que están allí por la intención altruista explicada más arriba.

Pero a no alarmarse que lo que no es para el bien, a la larga o a la corta, cae por su propio peso. Además, hay un modelo a seguir para apartar la paja del trigo, una regla que llamo la línea "Principito" y que explico a continuación.

"El Principito" es un libro del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. En una parte del mismo dice lo siguiente:

Entonces apareció el zorro.

El Principito y el zorro
El Principito y el zorro - El Principito y el zorro

El Principito y el zorro - El Principito y el zorro
-Buenos días -dijo el zorro.
-Buenos días -respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
-Estoy acá -dijo la voz- bajo el manzano...
-¿Quién eres? -dijo el principito-. Eres muy lindo...
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste!...
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-. No estoy domesticado.
-¡Ah! Perdón -dijo el principito. Pero, después de reflexionar, agregó:
-¿Qué significa «domesticar»?
-No eres de aquí -dijo el zorro-. ¿Qué buscas?
-Busco a los hombres -dijo el principito-. ¿Qué significa «domesticar»?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa «domesticar»?
-Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro-. Significa «crear lazos».
-¿Crear lazos?
-Sí -dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
-Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
-Es posible -dijo el zorro-. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!
-¡Oh! No es en la Tierra -dijo el principito. El zorro pareció muy intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
-No.
-No hay nada perfecto -suspiró el zorro. Pero el zorro volvió a su idea:
-Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito:
-¡Por favor... domestícame! -dijo.
-Bien lo quisiera -respondió el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
-¿Qué hay que hacer? -dijo el principito.
-Hay que ser muy paciente -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente volvió el principito.
-Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -dijo el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡Ah!... -dijo el zorro-. Voy a llorar.
-Tuya es la culpa -dijo el principito-. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara...
-Sí-dijo el zorro.
-¡Pero vas a llorar! -dijo el principito.
-Sí-dijo el zorro.
-Entonces, no ganas nada.
-Gano -dijo el zorro-, por el color de trigo. Luego, agregó:
-Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver nuevamente a las rosas:
-No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosas se sintieron bien molestas.
-Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo todavía-. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun, algunas veces, callarse. Puesto que ella es mi rosa.
Y volvió hacia el zorro:
-Adiós -dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... -repitió el principito, a fin de acordarse.

Cuántas verdades en un trozo de texto! Lo esencial es invisible a los ojos y somos responsables de lo que hemos hecho de por vida.



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